Gustavo Pecoraro Brondino|Crea tu insignia

16 febrero, 2007

Oda a Juan Marsé



Juan Marsé: "Me haría feliz enamorarme locamente de un amor imposible"
Hoy he tenido una especie de charla, previa a mi mini siesta de los jueves, tardía y escasa, que me ha dejado Tutta Fre Frappé, diría alguién bastante lejano. Al cabo de ella, de la charla, no de la siesta, recosté mi cabeza en la almohada y al pensar, lloré emocionado. Y me vino a la cabeza, bendita ella, una frase que el otro día leí en el diario El País, en una entrevista a Juan Marsé e Isbael Coixet. La frase era de él, que debo confesar no tengo demasiada idea quién es, y mucho menos su curriculum y obra literaria. A la Coixet la tengo bien cogida (y perdonen la exageración literaria) por sus maravillosas pelis y sus apariciones cuasi deprimentes en los Goyas. Porque esta chica hace unas películas maravillosas, de puta madre, sensibles, profundas, amables, pero sus apariciones públicas dejan bastante que desear. ¿O es una pose?.
En fin, que volviendo a Juan Marsé, su frase, mi charla, mi mini siesta y demás.
Que al apoyar mi cabeza, pensé y lloré. Y no fue un lloro depresivo y desgarrador, sino un lloriqueo de sentimientos, claridad, porfía, sueños.
Que malditos silencios elejí para decirte nadas de todo.
Que ganas que me dan a veces de mandar tantas obligaciones burguesas y desmembrar anchamente las estructuras. Correr hacia donde están las ilusiones, con más miedos que certezas, y esperar cerca, muy cerca el desencadenamiento de los besos, los abrazos, las siestas. Sabiendo que ahí, en ese terreno, seré real, humano, genial, hediondo, vulgar, otro, uno.
O quizá pueda viborear tu cintura y atraerte a la telaraña blanca de promesas que se van por la alcantarilla de mi egoísmo, mi aburrimiento, mi putez.
¿Porque me vuelven loco tus palabras mudas de significancia virtual, brutal, virgen de esas que espero para colocar un asterísco en el punto final?.
Tu sabes, desde cuándo, y porqué.
Tu sabes, porque eres sabio.
Ni tonto, ni brusco, ni arisco, ni borde, ni ciego. Sabio.
Simplemente reconociéndome.
Parando el vendaval con una diplomacia real, de soviets, arenes, kibuts.
Alumbrando la oscuridad con velas de todo a cien.
Tiñiendo de arrope y miel, las espinas que me clavo de grosero que soy con mi mismo.
Ufa.
Tengo muchas ganas de insultar mi deseo.
No quiero palpitar en seco.
Se me va la lengua.
Te da miedo.
Siempre ante todo, mis respetos.
Por que me importas mucho.
Aunque sea imposible.
O de momento, falaz.
...que me obligo a callar.
Pero entrelíneas me meo.
No digas nada...no sabes lo bien que estás calladito.
Igual que yo.


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