Gustavo Pecoraro Brondino|Crea tu insignia

26 septiembre, 2006

Memorias de una Geisha

Anoche, luego del fin de semana genial que he pasado, con el domingo de 13 horitas de curro seguidas, pasé por Angélika (mi cinema lounge preferido de la Cava Baja) y alquilé Memorias de una Geisha, por si acaso y ante cualquier incoveniente de somnolencia también me llevé King Kong para tenerla a mano.
Cogí la bolsa de chuches de la nevera que tenía reservada para el Dr. Infierno y que ni siquiera tocó (por cierto, las provisiones quedaron intactas, su estupenda glotonería quedó reflejada en los bares y los restaurantes porque en casa me salió barato, apenas un vaso de leche por las mañanas), y me recosté en el sofá. Opté por la peli que me parecía no iba a necesitar demasiado volumen (un sistema de elección para las madrugadas y el home cinema, digo por si a alguién más le parece tonto), y no me equivoque.
¿La han visto?
Es una película visualmente extraña, quizá un tanto larga, y muy profunda sobre el amor y el deber de no desear. Hay frases de la protagonista "las geishas somos las esposas del anochecer", o "todo en nuestro mundo es arte y belleza, nuestros deseos y sentimientos son sombras y secretos" que son todo una sintesis.
La verdad que me emocioné bastante a pesar de las putas chuches que me dieron un dolor de barriga tremendo.
Una historia de amor. Esperar pacientemente desde un lugar secundario en apariencias, y tan importante y determinante en realidad.
Para unos, los hombres poderosos de matrimonios por conveniencia y geishas de placer profundo, lo más fácil: disfrutar y saciarse de lo que más le plazca.
Para las geishas, preparación, sufrimiento, belleza, y soledad.
Toda una vida de desilución y dolor, de belleza y placer, debatiéndose entre el amar verdaderamente o servir con lealtad.
Una de los personajes elije el amar, se aparta de todo el mundo, y aparenta dolor. Sin embargo para mí, la elección de amar la libera, y el momento de dejar atrás una vida de límites y sumición, le acerca a la felicidad.
La otra, nuestra geisha, aguarda pacientemente durante años, guerras y miserias al amor que encontró siendo una niña, y como cenicienta lo consigue al cabo del tiempo.
¿Habrá valido la pena llorar?
¿No es mejor acaso optar por lo que nos dicta nuestro cuore?
En fin, que difícil dilema.
En todo caso como ella dice al final, "no olviden que no estamos hablando de las memorias de una emperatríz, o las memorias de una reina.........."
¿O, si?

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