29 diciembre, 2011
Hippie
Para Jota, quien merece abrazos en 2012
Cuando empezó el día había una gota de agua que ya caminaba sola, desde hace rato, por la misma hoja que el Sol -más tarde- fuera a marchitar.
Cuando el árbol -ese que contemplamos desde el banco del río- dejo de moverse,
la noche se hizo más noche y tuvimos que abrazarnos fuerte para que el frío no borrara de nuestras miradas a la Luna.
Cuando pasó -rápido- ese coche negro,
nos dimos cuenta que había algo más allá que Arco Iris en nuestro pequeño mundo.
Cuando caminamos por esa calle sucia y empedrada, creamos -de alguna manera- una forma de respeto y cuidado.
Cuando mi mano tocó tu oreja, me callé. Pensé en que no había palabras que pudieran describir ese instante.
Cuando mi boca llegó a tus labios, hubo estrellas que nos miraron. Chismosas.
Cuando me apresuré; al mismo tiempo me detuve.
Cuando hablamos; soñé un sueño.
Cuando te miro; no necesito el aire.
Cuando te espero; crezco.
Una, dos, tres, cuatro, seis, mil coincidencias.
Y Nothing Hill esperando en el armario.
Sos Hippie.
Sos lindo.
Muy.
04 diciembre, 2011
Tiempo
Tiempo, ¿para qué te necesito?.
Para caminar al Sol,
no te necesito.
Para andar pintando paredes,
no te necesito.
Para escribir cuatro renglones,
no te necesito.
Tiempo, ¿para qué te quiero?.
Para olvidarme del dolor,
no te necesito.
Para acariciar un rostro,
no te necesito.
Para silbar esa canción,
no te necesito.
Tiempo, ¿para qué sirves?
Para besar unos labios,
no me sirves.
Para destapar otra botella,
Para destapar otra botella,
no me sirves.
Para ojear el diario,
no me sirves.
Tiempo, ¿para qué te usan?
Para correr sin rumbo,
te usan y usarán.
Para juzgar con rabia,
te usan y usarán.
Para callar el deseo,
te usan y usarán.
Tiempo, maltratado tiempo.
Tan necesario como innecesario.
Injusto en tu boca, pidiendo tiempo.
Horrible en tu mente, deseando tiempo.
Repugnante en tu corazón, haciendo tiempo.
Tiempo, maltratado tiempo.
Te quiero y te odio.
Quisiera tener muchos más.
Espero sentirte mucho menos.
Espero sentirte mucho menos.
Tiempo,
no existas en medio de mi amor.
(Ilustración de Sandow Birk www.sandowbirk.com)
14 octubre, 2011
"No me interesa tu revolución si no puedo bailar en ella"
El lunes estuve en la marcha que se realizó por la libertad del Pollo Sobrero,
un delegado sindical opositor a la burocracia de José Pedraza, en la Unión Ferroviaria.
No voy a abrir un debate sobre esta detención.
Sí quiero hacer una reflexión sobre el abismo que existe entre la izquierda partidaria argentina y los debates que se dan en medio de la comunidad LGTB ligada actualmente de forma estrecha a la política del gobierno de Cristina Kirchner,
y que la misma izquierda insiste no comprender el porqué.
En la marcha del lunes, en medio de los esperados gritos contra el gobierno y la burocracia sindical, se colaron consignas que no me pasaron desapercibidas.
Consignas que en alusión al Jefe de Gabinete Aníbal Fernández hablaban de “…Fernández puto, la puta que te parió…”; o “…en la Unión Ferroviaria hacen falta muchos huevos…”, o la más conocida “…Fernández, hijo de puta, la puta que te parió…”.
Soy una persona identificada políticamente izquierda aunque me considero un independiente, por eso el lunes sentí vergüenza de marchar en medio de ese tipo de proclamas homofóbicas, machistas, patriarcales y binaristas.
Qué trágico y lamentable es que luchadores sociales que dicen combatir al sistema, referentes políticos que hablan en contra de la corrupción, de la explotación capitalista o de acabar con los privilegios, no tengan el más mínimo criterio para acallar esos micrófonos y sean cómplices -sí, cómplices- de lo que después denuncian en sus periódicos.
Se llenan la boca de palabras que ni siquiera pueden nombrar en sus propias camas,
llenando armarios de silencios, tan ecuménicos en el deseo como llenos de fotos del Che. Luego, se paran tan cerca de los católicos y evangelistas que dan asco en debates que ya tendrían que estar aclarados. Eso sí, bien adornados de banderas rojas y a punto del orgasmo masivo ante un mameluco manchado con grasa.
Como decía Emma Goldmann, la gran anarquista de principios de siglo XX:
“No me interesa tu revolución si no puedo bailar en ella”.
¿Este es el ejemplo de Sociedad Justa y Libre a la que nos invitan a construir?
Una vez más la izquierda partidaria argentina hace agua.
Una vez más expulsa de sus filas a los mismos putos, las mismas travas y las mismas tortas que expulsó siempre.
Una vez más se siguen mirando el ombligo por no mirar más abajo.
Después, no se pregunten porque nosotros y nosotras estamos mirando para otro lado.
Gustavo Pecoraro, director editorial de El Vahído (6 de octubre de 2011)
19 septiembre, 2011
20 de septiembre, 54 años
El 20 de septiembre Carlos Jáuregui cumpliría 54 años.
Hoy, en medio de los recuerdos que siempre llegan a destino en los momentos necesarios, encontré en la Revista NX número 45 de agosto de 1997, un poema que le escribí cuando se cumplía un año de su fallecimiento.
LO QUE SEMBRASTE
Afuera la lluvia pregunta por vos
con su rumor de sostenido aplauso.
No entiende que era tu hora,
se pone triste.
No sabe que volviste a buscar lo que sembraste.
¿Está llorando?
¿No se da cuenta que seguís acá
en los árboles de Palermo,
en las palomas de la Plaza,
en las luces de los semáforos,
en los besos de los amantes,
en las buenas palabras,
en los ojos de los bebés,
en los jazmines?
Que pare de llorar,
y comprenda que justo ahora
estás volviendo.
(a Carlos Jáuregui, agosto de 1997)
Hoy, en medio de los recuerdos que siempre llegan a destino en los momentos necesarios, encontré en la Revista NX número 45 de agosto de 1997, un poema que le escribí cuando se cumplía un año de su fallecimiento.
LO QUE SEMBRASTE
Afuera la lluvia pregunta por vos
con su rumor de sostenido aplauso.
No entiende que era tu hora,
se pone triste.
No sabe que volviste a buscar lo que sembraste.
¿Está llorando?
¿No se da cuenta que seguís acá
en los árboles de Palermo,
en las palomas de la Plaza,
en las luces de los semáforos,
en los besos de los amantes,
en las buenas palabras,
en los ojos de los bebés,
en los jazmines?
Que pare de llorar,
y comprenda que justo ahora
estás volviendo.
(a Carlos Jáuregui, agosto de 1997)
17 septiembre, 2011
Un joven y un angel
Entré a ese cuarto detenido en el tiempo donde reinaba un silencio roto cada tanto por el locutor de teve que transmitía un simple partido de tenis.
La excusa para no pensar demasiado. Set a set.
Me extraño la tristeza de todos, sólo el médico sonreía como un capo de la hinchada,
-o como un bufón- con voz grave,
y vital.
Más allá en medio de una de las camas estaba Él; sería imposible no verlo.
Tendría poco más de 20 años.
Pensé ¿será pelirrojo?. Sexy lo era, sin dudas.
Con enormes ojos melancólicos "de bilis negra" -diría un sabio-;
o de "gris de grisáceas grisitudes" -aportaría otro-.
Me llamaron la atención sus enormes pies,
enfundados en un par de zapatillas de precio millonario
que contrastaban mercantilismo con la melancolía de sus ojos,
perdidos en la pantalla.
¿O más allá?
Me pregunté en medio minuto todo la composición de su vida.
¿Amaría a alguién?
¿Alguién lo amaría?
¿Habría podido hacerle el amor a una persona que deseara?
¿Conocería la dulzura de los besos?.
Parecía del estilo de los deportistas,
con hombros gruesos y una virilidad tranquila de deporte de equipo.
¿Sería un pivot en el Rugby? ¿O un centrocampista en Fútbol?.
Me quedé mirándolo un momento con emociones extrañas,
deseo,
pena,
angustia,
¿amor?.
Él, estaba en otra,
y tenía la timidez de los que compartimos un secreto en medio del griterío.
Las otras personas que había en el cuarto,
dos mujeres, y un hombre flaco y mal afeitado, habían desaparecido.
Éramos él y yo;
y el médico vital y de voz grave.
Se movió para buscar algo,
pero su mirada siguió allá ¿quién sabe donde?.
Eran unas galletitas que sacaba de un bolsa de nylon,
y comía automáticamente, sin que su mirada volviera.
La medicación le habría hecho perder el pelo, totalmente.
Me gustaba.
Siempre me gustaron los pelados; como los Skin-Rot de Berlin.
No creo que el estuviera muy conforme con lo que digo.
Seguramente,
imagino,
le encantaría tener una melena larga que le golpeara la espalda y le llenara la frente.
Lo pensé inmediatamente lleno de rulos;
rubio, elijo ahora.
Su piel llevaba todas las marcas de lo que nadie puede ocultar.
Era muy blanca, casi traslucida, débil, apagada, vieja.
Me molestó. Me enojé mucho.
¿Cómo ese joven que me despertaba tanto deseo podía tener esa piel?.
Llegó mi turno,
fue rápido, normal, extraño.
En algun lugar agradecí no tener que hacerlo en una camilla.
Expuesto.
Sentí un alivio, a pesar de todo.
En realidad no se como sería de verdad ese joven tan bello,
tirado en esa camilla, conectado a su quimioterapia.
Ahora que lo pienso, era como un angel.
De esos que te protejen,
los de la guarda.
El Cáncer, no es una larga y penosa enfermedad.
Es simplemente Cáncer.
Creo que la magia puede aparece donde la necesitemos.
(gracias Gastón Malgieri)
16 septiembre, 2011
Amor de Divas y Maricas
Un día puse junto al poster de un jugador de futbol, el de una cantante.
Con el tiempo esa mujer exitosa,
se cansó de que la crítica no le perdona el paso de los años,
…o querer ser feliz lejos de las cámaras,
…o comer, beber, coger cuanto quisiera o con quien quisiera.
Ser libre.
Me di cuenta que admiraba a esa mujer,
mientras me daba cuenta que amaba a un hombre.
Algunos las esconden en sus mentes, como hacen con su dignidad.
Yo elijo no olvidarlas, porque me llenaron de sueños, por si me hicieran falta más.
¿Cómo voy a serles infiel con unas recién llegadas todas pintarrajeadas de verde?
A pesar de tanto mandato de macho, tanta cancha de futbol, tantas preguntas sin contestar,
se me lleno el oído de Mina, Barbra, Shirley, Bethania, Bette…Marilina.
Mi victorioso equipo.
Criadero de putos y maricones,
a quienes debemos esas melodías que tarareamos siempre,
esas lágrimas que se nos caen cuando las vemos mayores
o las recordamos eternas como los diamantes.
Casi como si hubiera que alimentar un tópico de Freud porque sí,
son esas mujeres inalcanzables que nos abrazan desde lejos, y saben,
con total seguridad,
que las amamos.
Ellas eran lo que eran;
y nosotros también.
Libres.
Este romance entre Divas y Maricas es una larga historia llena de pasiones y fidelidad.
Tiene que ver muchas cosas:
con el recuerdo, con la edad que avanza,
con la identidad,
y con que es difícil reemplazar ciertas cosas que nos ocurrieron,
que se instalan como los viejos amores,
en medio del corazón,
y se quedan para siempre…
acompañándonos.
02 septiembre, 2011
cuarenta y seis
El destino invariablemente nos pasa por arriba.
Ese mismo destino que deja tirada en un basural a una niña inocente,
me devolvió a esta ciudad después de 12 años con algo más que la salud en baja.
Ese mismo destino que deja tirada en un basural a una niña inocente,
me devolvió a esta ciudad después de 12 años con algo más que la salud en baja.
Herido, pero no derrotado.
Con un boleto de vuelta cuya fecha se fue desdibujando con el tiempo.
Sin más fortuna que la desilusión de un cuerpo lleno de dolores.
Sin más fortuna que la desilusión de un cuerpo lleno de dolores.
Durante muchas mañanas quise despertarme en mi amada Madrid,
correr a la calle a llenarme de voces y olores que me acostumbraron a un acento tan ajeno como propio. Ese que envuelve a cualquier inmigrante en una tierra extraña. Que permite bajar la mirada y seguir a pesar de tanta soledad, endureciendo el corazón para que no te lo destrocen en medio de la nada; construyendo desde esa nada algo de amor nuevo…al menos para que siga durando hoy, y Telefónica facture aquí y allá.
correr a la calle a llenarme de voces y olores que me acostumbraron a un acento tan ajeno como propio. Ese que envuelve a cualquier inmigrante en una tierra extraña. Que permite bajar la mirada y seguir a pesar de tanta soledad, endureciendo el corazón para que no te lo destrocen en medio de la nada; construyendo desde esa nada algo de amor nuevo…al menos para que siga durando hoy, y Telefónica facture aquí y allá.
Un día la vuelta se llenos de dudas.
Por miedo, por amor, y también por empezar a reencontrar un lugar que estaba intacto desde hace tanto y que simplemente fue necesario reconocer.
Por miedo, por amor, y también por empezar a reencontrar un lugar que estaba intacto desde hace tanto y que simplemente fue necesario reconocer.
Ese reencuentro está ligado muy fuerte a El Vahído.
A las personas de carne y hueso que están sentadas en esta mesa hoy y cada jueves. Que me llenan de confianza, respeto y compañerismo.
A las personas de carne y hueso que están sentadas en esta mesa hoy y cada jueves. Que me llenan de confianza, respeto y compañerismo.
En uno de mis simulacros de regreso Julio me dijo: “ahora que abriste el debate, te vas…”.
Era una frase demasiado fuerte y afectuosa como para no hacerle caso.
Era una frase demasiado fuerte y afectuosa como para no hacerle caso.
Estoy acá, en Buenos Aires, en El Vahído, en Radio Sentidos, y en esta mesa llena de afectos indispensables para que mis mañanas se vayan convirtiendo en porteñas, aunque siempre tenga un ojo puesto en la Puerta del Sol.
Editorial número 42 de El Vahído, el programa radial LGBT de Radio Sentidos
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30 agosto, 2011
El eco de tu perfume
Igual,
me atravezó tu suave vendaval,
como en aquella canción que tanto nos gusta.
Que más que canción
es un edén,
lleno de impulsos antiguos
y sutiles.
Te escribo.
Las yemas de mis dedos
-marcadas con tu piel-
se resisten a perderlo todo.
Me golpeo de repente,
con esa descreída realidad;
pero quedó igual,
esclavo de tu perfume,
...................................
y guardo en mi recuerdo,
el aroma dulzon,
que habitamos,
apenas.
Para amarte
solo pido permiso a la poesía,
y a vos.
y a vos.
20 agosto, 2011
Amar
¿Que es amar?
¿Poseer?
¿Tener?
¿Cojer?
¿Besar?
¿Deber?
¿Querer?
¿Dividir?
¿Exijir?
¿Lograr?
¿Doler?
¿Doler?
¿Olvidar?
¿Comprender?
¿Dejar?
Amar es amar.
Claramente.
Es simplemente desear lo mejor que podamos sentir
para el otro al que amamos.
para el otro al que amamos.
Para Hache, siempre.
16 agosto, 2011
El Tocho
Me suena lejano y vago su nombre que me declaró a risotadas en ese bar oscuro y mugriento donde iba a beber vino tinto, y en donde la Loli le daba un boquerón -o dos- camuflados en las aceitunas que servían de picoteo.
Era grueso, de labios corajudos y voz atrevida.
Tenía unos dedos gordos, orillados de chapas y tenazas, con las uñas carcomidas de tanto arañar los días.
Su pelo brillante, falso, como un estropajo de metal.
Sus hombros, que hacían suspirar a las señoras casadas, eran enormes, prietos en sus camisas entalladas y abiertas justo a un botón menos del deseo.
Usualmente se acodaba en la barra, bebía, y reía, y bebía y contaba sus chistes, y bebía y seducía, temiblemente adorable.
Contaban por ahí que tenía en su haber un par de muertos, y que había estado en la cárcel por un robo que no cometió.
Que eso lo había marcado de por vida.
Decía siempre que nunca más quería volver a sentirse triste.
Muchas noches, borracho, abrazaba al primero que tenía a mano, y bamboleándose se arrastraban a por putas donde el río hace esquina.
A mi me gustaba escuchar sus chistes y contabilizar sus hazañas de galán de barrio, asustarme con sus miradas, y esperarlo a la salida del colegio para que me invite con un alfajor.
Una tarde no llegó.
Esa noche el bar estuvo más callado que de costumbre, y las calles, las esquinas y el barro se entristecieron para siempre.
Allí donde el río hace esquina se arremolinó la tragedia, porque al Tocho, como todos le llamábamos, le metieron una bala en la cabeza.
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